LA BIBLIOBICI

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Era una tarde más como cualquiera otra del mes de agosto, yo iba caminando por la calle que me llevaba hasta mi escuela, hacia mucha calor el viento soplaba con mucha fuerza haciendo crujir los árboles y levantando polvareda y a duras penas me dejaba avanzar, había momentos que me detenía, tenía que cerraba mis ojos para que no me entrará tierra, después los abría para avanzar, en ese instante delante de mi escuche varias veces el sonido de una bocina, es el heladero pensé, en ese momento empezó un bullicio de niños y niñas.

El viento zumbaba en mis oídos levantando hojas secas de los árboles y basura, apresure el paso, al mismo tiempo que abría mis ojos todo lo que podía para ver la causa a tanto alboroto, de pronto pasaron corriendo por mi lado varios niños y niñas, algunos llevaban mochila, más de un rostro me sonó conocido alguien gritó “la bibliobici” sin pensarlo dos veces empecé a correr detrás de ellos, a los pocos metros de distancia se detuvieron y empezaron a rodear a una bicicleta, yo me detuve a poca distancia de ellos, no podía creer lo que había delante de mí, un enjambre de mariposas y pájaros de varios colores los cuales resplandecían con los rayos del sol, revoloteaban graciosamente alrededor de aquella bicicleta.

La bicicleta no era muy grande ni muy pequeña, unido a ella por hilos, había un montón de globos multicolores del tamaño de un melón que flotaban libremente en el aire, entre los manubrios sobresalía una guitarra que iba dentro de una bolsa donde se podía leer “bibliobici” escrita con letras blancas, a ambos lados de la rueda delantera como la de detrás llevaba pegadas sobre unas varillas varios carteles de colores que eran un poco más grande que un libro, cada cartel tenía una frase en algunas de las que pude leer decían “amo las bibliotecas”, “me gusta leer”, “amo los libros”, también pude ver un sombrero negro sobre una larga cabellera y unas grandes gafas redondas de un tono oscuro que sobresalía por encima de la multitud, aunque lo intentaba moviendo mi cabeza a ambos lados no podía ver que lo que estaba regalando o vendiendo aquel hombre, en ese momento un niño salió corriendo del tumulto y pasó por mi lado mientras ojeaba un libro con entusiasmo, volví a mirar hacia la bibliobici, en ese momento la muchedumbre se fue dispersando en todas las direcciones, esta vez pude ver con claridad al pintoresco conductor me llamó la atención su forma de vestir, llevaba puesto un chaleco negro llena de letras de color blanco encima de una camiseta oscura igual que su pantalón, tenía botas de cuero negras como el carbón estaban adornadas con dos pares de argollas y cadenas de metal.

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Sacaba libros de las bolsas y les iba entregando a cada uno de los niños y niñas, algunos se alejaban del lugar sonriendo alegremente, otros le daban una ojeada a sus libros, en ese momento el conductor se subió a la bibliobici y empezó a pedalear en medio del bullicio, todos se despedían de él, al verlo alejarse me invadió la tristeza por no haber llegado a tiempo para pedirle un libro, algunos lo siguieron al verlos yo hice lo mismo con la esperanza de alcanzarlo.

Al cabo de un instante me di cuenta que era el unico que seguia corriendo, en ese momento los pájaros, las mariposas, los globos y la bibliobici empezaron a elevarse en medio de la polvareda igual que un cometa de papel, yo corrí con todas mis fuerzas para alcanzarlo me di cuenta que ya no corría sobre la calle lo hacía por el aire, delante de mí la bibliobici seguía elevándose con dirección al cielo, guiado por los pájaros y las mariposas que batían sus alas alegremente, mire hacia abajo y pude ver las calles y las casas que cada vez se hacían más pequeñas levante la mirada para no calles y las casas que cada vez se hacían más pequeñas levante la mirada para nocalles y las casas que cada vez se hacían más pequeñas levante la mirada para no perder de vista la bibliobici, en ese momento senti algo humedo en mis brazos y en mi rostro, estábamos atravesando un cúmulo de nubes blancas tan blancas como el mi rostro, estábamos atravesando un cúmulo de nubes blancas tan blancas como el algodón habían muchas y estaban por todos lados la bibliobici seguía ascendiendo, yo había dejado de correr, algo que no entendía me hacía subir sin realizar ningún esfuerzo, me puse a mirar para abajo hasta que las nubes desaparecieron de mi vista, después de unos instantes la luz del sol nos abandonó.

Estábamos solos en la inmensa oscuridad del cielo al principio me entró un poco de miedo me tranquilicé al saber, que tenia cerca a la bibliobici y a sus amigos, volví a mirar por última vez hacia abajo y vi una de las imágenes más hermosas que he visto en mi vida, ahí estaba nuestro planeta, flotando en el aire como una inmensa burbuja de jabón de un color azul claro, que se iba haciendo cada vez mas y mas pequeña mientras nos alejabamos de ella.

Me acordé de mis padres, mis hermanos, mis compañeros y amigos, me dio ganas de volver, al darme cuenta que estaba muy lejos de mi hogar.

De pronto empezaron a aparecer estrellas, pequeñas, grandes, de color rojo, amarillo, naranja, azul, violeta, verde mientras nosotros seguiamos subiendo. Un halo de luz de blanca nos envolvió totalmente, miré para todos lados para ver de donde provenía hasta que me di cuenta que era nuestra propia luz.

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De repente frente a la biblibici apareció un planeta de color púrpura su luz nos iluminó bañandonos cálidamente con ese hermoso tono fulgurante, no había salido de mi asombro cuando vi que pequeñas luces púrpuras como chispas luminosas se acercaban hacia nosotros la bibliobici se detuvo, en poco tiempo las pequeñas luces llegaron y nos rodearon, cuando los tuve muy cerca las pude ver mejor, no eran más grande que yo, pero eran un poco más delgados, tenían sus trajes muy ceñidos a sus cuerpos, ellos no sonreían como lo hacemos nosotros, ellos lo hacían iluminando sus inmensos ojos de color miel.

Algunos me tocaban y luego se alejaban un poco, otros revoloteaban a mi alrededor observándome, los menos tímidos me tocaban las manos, la cara, el pelo con curiosidad, cuando me sentí con más confianza extendí mi brazo hasta tocar a uno que estaba muy cerca de mí, tenía la piel muy suave, empecé a reirme, el tambien lo hacia con sus ojos, en ese momento me acordé de mis compañeros de viaje, él seguía entregando libros, los pájaros y las mariposas volaban en todas direcciones de un lugar a otro jugando con aquellos simpáticos seres luminosos.

Después de unos instantes se escuchó un par de bocinazos, los pájaros y las mariposas reiniciaron la marcha, él se subió a la bibliobici y empezó a pedalear rodeado de luces que revoloteaban por todos lados, yo también me despedí y salí detrás de ellos. Las luces nos acompañaron un buen rato después se volvieron como estrellas fugaces hacia su planeta.

Nosotros seguimos hacia arriba rodeados de las estrellas que se iban convirtiendo en planetas unos más alejados que otros, todos resplandecían en la oscuridad. Me pregunté cuál de ellos sería nuestro próximo destino, entonces me di cuenta que la bibliobici los pájaros y las mariposas se dirigían hacia un chorro de nubes que hacía de camino y que terminaba en un enorme planeta que era como una piruleta de varios colores igual que el arco iris.

Descendimos hasta llegar a una ciudad que flotaba sobre una neblina de color naranja fluorecente. La bibliobici se detuvo en el centro de las viviendas, había un montón de pequeños seres de cuerpos transparentes que formaron círculos alrededor de la bibliobici, el conductor les empezó a leer un fragmento de la novela “la quinta humanidad” todos seguían la lectura con atención los pájaros y las mariposas se habían posado sobre su sombrero, hombros y brazos, solo se escuchaba la voz de él.

Cuando acabo de leer, sacó libros de su bolsa y los empezó a repartir, en ese momento de ellos me rodearon y me tomaron de la mano y formaron un gran círculo, las mariposas los pájaros también se unieron, en ese momento empezaron a entonar melodías armoniosas que alegraban mi corazón me sentí unido a ellos.

Cuando dejaron de cantar escuche un murmullo que me llamó la atención, el conductor de la bibliobici tenía en sus manos su guitarra, se escucharon unos bonitos acordes que dieron paso a una cancion, “En mi bibliobici yo alzo el vuelo, con alas sueltas de mi cuaderno, que he recogido del suelo, llevó a las gentes realidades y sueños” todos se movían armoniosamente tarareando la canción, yo me sumé a ellos hasta que acabó la canción Después de una ovación todos rodearon a la bibliobici, en ese momento se escucharon varios bocinazos, la bibliobici emprendió la marcha, sin perder tiempo yo hice lo mismo, después de despedirme de mis amigos.

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En un abrir y cerrar de ojos retomamos el camino por el universo, de pronto delante de nosotros apareció un planeta de un color violeta, era nuestro próximo destino. Cuando estábamos muy cerca de él, se produjo una explosión de diminutas luces azules como la purpurina, llegaron hasta nosotros moviéndose armoniosamente de un lado para otro, subían, bajaban, se arremolinaban después se dispersaron brevemente para volverse a juntar como bailarines en una danza.

Las lucecitas tenían vida no podía distinguirlos uno de otro, porque eran todos iguales y tan pequeñas como la palma de mi mano nunca estaban solos, se juntaban para formar toda clase de figuras más grandes, hacían pájaros, nubes, flores, delfines, caballos y muchas otras mas, ni bien terminaban de hacer una, la deshacían para formar otra, solo paraban para recibir su libro. El conductor empezó a cantarles, ellos en agradecimiento se unieron y formaron con sus cuerpos una gigantesca bibliobici de colores parpadeantes.

Así se alejaron con dirección a su planeta, cuando los mire por ultima vez, vi que la gigantesca bibliobici se convertía en una figura que era igual a mi, me dio ganas de seguirlos pero me contuve, no quería distraerme y perder de vista a mis compañeros de viaje, sentí alborozo en mi corazón, alze mis manos para despedirme de ellos y sin perder tiempo seguí a la bibliobici.

En ese momento empezó a bajar, es hora de volver a casa pensé, y así fue, recorrimos el camino de vuelta y en pocos minutos debajo de nosotros apareció aquella pequeña burbuja azulada, al verla mi corazón empezó a latir con más fuerzas, aunque me hubiera gustado haber seguido recorriendo planetas acompañando a la bibliobici me console pensando que nada es imposible y quizás otro día podría volver.

Eso me alegró mucho, el roce húmedo de las nubes me recordó que ya estaba cerca de casa, estaba anocheciendo, debajo de nosotros vi aparecer el caserío de mi barrio, atravesados por infinidad de calles que iban a todas partes, nos recibió una rafaga de viento caliente, sentí el peso de mi cuerpo, en ese momento mis pies tocaron la tierra, vi como la bibliobici a su paso lo iba transformando todo, antes mis ojos la calle empezó a tomar un color marrón intenso fosforescente, los árboles se iluminaron como árboles de navidad, en el aire flotaban pequeñas partículas luminosas que parecían apagarse y encenderse cada momento, el cielo se llenó de arco iris desde los más pequeños hasta aquellos que alcanzaban a rozar la luna, las casas antes descoloridas lucian de colores, escuche de nuevo el bullicio de gentes habían de todas las edades, que salían de sus casas alegres, sus ojos brillaban como las estrellas que acababa de ver, algunos gritaban “la bibliobici”.

Yo me dirigí a mi casa, mientras caminaba empecé a recordar aquellos nuevos mundos con amigos y amigas que había conocido gracias a la bibliobici, empecé a imaginar otros mundos fantásticos, nuevas historias, nuevos amigos y amigas, que me quedaban por conocer y pensé que el universo es un libro por descubrir.

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